En mis sueños
Sentada en el sillón en el
patio de mi casa, espero como todos los días, a que llegue él.
Sé, que no sería capaz de
fallarme.
Ya es tarde y el cielo está
repleto de pequeñas estrellas que titilan. Es una noche hermosa. Y la suave
brisa fresca, huele a rosa.
—Hola, mamá —me saluda
parándose delante de mí. Como todas las noches no lo escucho llegar.
—¡Hola hijo, viniste! —le digo
emocionada.
—Sabés que no te dejaría
esperando.
Se sienta en el sillón que está
a mi lado y se pone a mirar el cielo conmigo.
—¿Te acordás cuando eras
chiquito y nos sentábamos acá mismo a mirar el cielo? —le pregunto mirándolo de
reojo para ver su expresión.
—Sí, era mi momento favorito
del día —responde sonriendo. Sigue teniendo la misma sonrisa de cuando era
apenas un nene.
Me sonrió. También lo era para
mí.
—Contame, ¿Cómo estás? —le
pregunto cómo todo los días.
—Estoy bien. Realmente muy
bien.
—Me da mucha alegría escuchar
eso —respondo con un nudo en la garganta.
—¿Y vos, cómo estás?
—Trato de estar bien. Pero es
duro. Todavía no me acostumbre a la idea.
Él asiente con la cabeza, pero
no me dice nada.
—Es lo que me tocó y tengo que
aprender a llevarla —digo con resignación.
—No te queda otra, mamá. Sé
que es difícil pero, poco a poco, lo vas a ir superando.
—No lo creo… Pero voy a
tratar.
Hablamos por varias horas, del
pasado y del futuro. Esto último, no es algo de lo que me guste hablar, pero a
él lo hace feliz escucharme planificar cosas, que sé que no voy a hacer.
Como todas las noches, desde
hace un año, cuando está por amanecer, él se pone de pie y me dice:
—Me tengo que ir, mañana nos
vemos.
—¿Ya te vas? Quedate un ratito
más…
—Sabés que no puedo.
—Ya lo sé… Pero es tan duro
despertar cada mañana y ver tu cama vacía... Te extraño tanto…
—Lo sé mamá. Pero tenés que
seguir. Me lo prometiste.
—Sí —le contesto en un
susurro.
Cierro los ojos y cuando los
vuelvo a abrir, él ya no está. Una lágrima se desliza por mi rostro como desde
hace un año.
Otra vez, tengo que esperar a
que vuelva a caer la noche, y conformarme con estar con él, aunque sea tan solo
por un momento, en mis sueños.