domingo, 5 de febrero de 2023

En mis sueños

 

En mis sueños

 

 

Sentada en el sillón en el patio de mi casa, espero como todos los días, a que llegue él.

Sé, que no sería capaz de fallarme.

Ya es tarde y el cielo está repleto de pequeñas estrellas que titilan. Es una noche hermosa. Y la suave brisa fresca, huele a rosa.

—Hola, mamá —me saluda parándose delante de mí. Como todas las noches no lo escucho llegar.

—¡Hola hijo, viniste! —le digo emocionada.

—Sabés que no te dejaría esperando.

Se sienta en el sillón que está a mi lado y se pone a mirar el cielo conmigo.

—¿Te acordás cuando eras chiquito y nos sentábamos acá mismo a mirar el cielo? —le pregunto mirándolo de reojo para ver su expresión.

—Sí, era mi momento favorito del día —responde sonriendo. Sigue teniendo la misma sonrisa de cuando era apenas un nene.

Me sonrió. También lo era para mí.

—Contame, ¿Cómo estás? —le pregunto cómo todo los días.

—Estoy bien. Realmente muy bien.

—Me da mucha alegría escuchar eso —respondo con un nudo en la garganta.

—¿Y vos, cómo estás?

—Trato de estar bien. Pero es duro. Todavía no me acostumbre a la idea.

Él asiente con la cabeza, pero no me dice nada.

—Es lo que me tocó y tengo que aprender a llevarla —digo con resignación.

—No te queda otra, mamá. Sé que es difícil pero, poco a poco, lo vas a ir superando.

—No lo creo… Pero voy a tratar.

Hablamos por varias horas, del pasado y del futuro. Esto último, no es algo de lo que me guste hablar, pero a él lo hace feliz escucharme planificar cosas, que sé que no voy a hacer.

Como todas las noches, desde hace un año, cuando está por amanecer, él se pone de pie y me dice:

—Me tengo que ir, mañana nos vemos.

—¿Ya te vas? Quedate un ratito más…

—Sabés que no puedo.

—Ya lo sé… Pero es tan duro despertar cada mañana y ver tu cama vacía... Te extraño tanto…

—Lo sé mamá. Pero tenés que seguir. Me lo prometiste.

—Sí —le contesto en un susurro.

Cierro los ojos y cuando los vuelvo a abrir, él ya no está. Una lágrima se desliza por mi rostro como desde hace un año.

Otra vez, tengo que esperar a que vuelva a caer la noche, y conformarme con estar con él, aunque sea tan solo por un momento, en mis sueños.

 

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